La presión urbanística

Invernaderos del Maresme rodeados de casas (Cataluña)


La urbanización es uno de los fenómenos más transformadores del territorio catalán en las últimas décadas. La expansión de las ciudades, la construcción de polígonos industriales, infraestructuras viarias y zonas residenciales ha alterado profundamente el paisaje agrícola y rural de Cataluña. Este proceso, acelerado desde los años 60 y 70 del siglo XX, no sólo ha tenido efectos sobre el medio ambiente y la biodiversidad, sino que ha puesto en riesgo la actividad agrícola tradicional, la soberanía alimentaria y el equilibrio territorial, al reducir la superficie agrícola útil.


El Maresme, una de las comarcas costeras más cercanas a Barcelona, ​​ha experimentado un proceso de urbanización intenso y continuado en las últimas décadas. Su situación estratégica, el clima suave, la proximidad con la capital catalana y la mejora de las comunicaciones (como la autopista C-32) han hecho del Maresme un territorio muy atractivo para la expansión urbana, residencial y turística.


Invernaderos del Maresme (Cataluña)

Este crecimiento ha tenido importantes repercusiones sobre el territorio, especialmente sobre uno de sus sectores tradicionales: la agricultura. El Maresme era, hasta hace pocos años, uno de los principales motores agrícolas de Cataluña, especialmente en la producción de hortalizas, floricultura y vid. De hecho, fue un referente de la floricultura a nivel europeo. Municipios como Vilassar de Mar, Premià de Dalt o Cabrera eran conocidos por sus plantaciones e invernaderos de flores y plantas ornamentales. Sin embargo, hoy en día esta actividad está en regresión, afectada por la urbanización, la presión inmobiliaria y la transformación del paisaje. 


Según datos del Consejo Comarcal de El Maresme, desde la década de los años 70 hasta la fecha se ha perdido cerca del 60% de la superficie agrícola activa en la comarca. Esta situación contribuye a la progresiva desaparición de muchas explotaciones familiares que habían mantenido el territorio agrícola activo durante generaciones. Para detener este impacto es necesario aplicar políticas de protección del suelo agrícola y fomento de la actividad campesina, como la creación de espacios agrarios protegidos, como ya existen en otras zonas de Cataluña (por ejemplo, el Parque Agrario del Baix Llobregat), promover la agricultura ecológica y de proximidad y sensibilizar a la ciudadanía sobre la importancia de la agricultura.

 

Parque Agrario del Baix Llobregat (Cataluña)

En este sentido, los huertos urbanos de Barcelona se han convertido en una respuesta creativa y sostenible a la presión urbanística que la ciudad ha vivido a lo largo de las últimas décadas. Ante un crecimiento urbano constante, la escasez de espacios verdes y la necesidad de fomentar el contacto directo de la ciudadanía con la naturaleza, los huertos urbanos han surgido como alternativas útiles para recuperar terrenos vacíos o infrautilizados, generando beneficios ambientales, sociales y comunitarios. También fomentan la educación ambiental, tanto para niños como para adultos, y ayudan a recuperar saberes agrícolas que a menudo se han perdido en el contexto urbano.


En definitiva, representan una apuesta por la sostenibilidad, autogestión y soberanía alimentaria en un entorno urbano. Ante la crisis climática, la carencia de espacios verdes y la necesidad de un modelo de ciudad más inclusivo, los huertos urbanos se consolidan como una respuesta transformadora e imprescindible a la presión urbanística que todavía hoy marca el futuro de Barcelona.

 

Huerto urbano de la Sagrada Família (Barcelona)

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