La preservación del comercio histórico

La libreria Catalònia

El 9 de mayo de 1924 abría en la plaza de Catalunya 17, la librería Catalònia, impulsada por Antoni López Llausàs, Manuel Borràs y Josep Maria Cruzet. En plena dictadura de Primo de Rivera, el establecimiento se convirtió en un espacio importante de difusión del libro en catalán. En 1931 se trasladó a la ronda de Sant Pere 3, donde desarrollaría la mayor parte de su trayectoria. Tras la Guerra Civil, el franquismo impuso su cambio de nombre: Casa del Libro. El establecimiento no recuperaría su nombre original hasta 1977.

Durante casi nueve décadas superó dos dictaduras, una guerra, la posguerra, un incendio y varias crisis económicas. Sin embargo, en 2013, después de 82 años en el mismo emplazamiento, cerró sus puertas definitivamente, y el local acabó convertido en un McDonald's. El cierre de la Catalònia simbolizaba así una transformación más profunda: no sólo desaparecía una librería, sino una pieza de la memoria cultural y comercial de Barcelona.

No fue un caso aislado. A poca distancia, la librería Canuda, fundada en 1931, también cerró sus puertas y el local fue ocupado por una tienda de Mango. También el Palacio del Juguete, abierto en 1936, abandonó su emplazamiento histórico. Entre 2016 y 2024 Barcelona perdió el 25% de las mercerías y droguerías, el 30% de las zapaterías y negocios de piel y 141 pescaderías, casi una de cada cuatro.

" Entre 2016 y 2024 Barcelona perdió el 25% de las mercerías y droguerías, el 30% de las zapaterías y negocios de piel, y un 25% de las pescaderías
— Diari de Barcelona


En algunas calles barcelonesas todavía sobreviven locales con interiores modernistas, escaparates centenarios, rótulos históricos y elementos ornamentales que explican cómo se ha ido construyendo la ciudad a lo largo del tiempo. Son establecimientos que forman parte del patrimonio material e inmaterial de la ciudad. Conservan arquitecturas, mobiliario, oficios y formas de vida transmitidas durante generaciones. Sin embargo, este legado está sometido a una presión creciente. El aumento de alquileres, la transformación del mercado inmobiliario, la competencia de las grandes cadenas y los cambios en los hábitos de consumo dificultan la continuidad de muchos negocios familiares. La presión es especialmente intensa en el centro histórico, donde la demanda de locales por parte de grandes marcas es mayor. La desaparición de los antiguos contratos de alquiler y el incremento de precios han acelerado, en algunos casos, la sustitución de establecimientos tradicionales. Cuando un comercio histórico desaparece, no cierra sólo una tienda: desaparecen también un espacio, un oficio y parte de la memoria de los barrios.

" En 2025 cerraron al menos 10 tiendas centenarias en Barcelona
— Diari de Barcelona

Otros establecimientos han resistido, pero la presión sigue. Es el caso de la Manual Alpargatera, en la calle Avinyó, que mantiene las estanterías y escaleras de madera originales, y sigue elaborando alpargatas artesanalmente. O de la pastelería Fargas, fundada en 1827, o la numismática Monge, abierta en 1948, que durante años han formado parte del paisaje comercial del centro histórico. Su situación ejemplifica las dificultades que afrontan negocios que ocupan locales muy codiciados por las grandes empresas y las actividades vinculadas al turismo.

El turismo mantiene, en ese sentido, una relación paradójica con el comercio emblemático. Por un lado, contribuye a incrementar la presión inmobiliaria y favorece la sustitución de negocios tradicionales por marcas internacionales. Por otra parte, los visitantes son una parte importante de la clientela de muchos establecimientos históricos, que a menudo son los espacios que más despiertan la curiosidad de los turistas.


El patrimonio de una ciudad no está sólo en sus monumentos: también en sus establecimientos históricos. Cuando una librería, una pastelería, una juguetería o un taller artesanal cierra sus puertas, desaparece con ellos una parte de la memoria de la ciudad. Algunas ciudades europeas, como París o Roma, han creado mecanismos específicos para proteger comercios históricos. Barcelona también ha desarrollado medidas de protección como el Plan especial de protección de la calidad urbana, que incluye el Catálogo de protección arquitectónica, histórica y paisajística de los establecimientos emblemáticos de la ciudad.

" De los 209 establecimientos históricos catalogados en 2016,
29 habían cerrado cinco años después, un 14% del total
— Diari de Barcelona

Actualmente, la ciudad tiene catalogados varios establecimientos emblemáticos, muchos de los cuales son negocios centenarios que han mantenido su actividad original en el mismo local. Son espacios singulares que forman parte de la identidad comercial de Barcelona y que por su arquitectura, decoración, historia o actividad, tienen un valor patrimonial especial. Asimismo, constituyen un atractivo tanto para el vecindario como para los visitantes. Un ejemplo es la Horchatería del Tío Ché, en la Rambla del Poblenou, donde la quinta generación de la familia sigue elaborando la horchata con una receta tradicional que se remonta a los inicios del siglo XX. De los 209 establecimientos catalogados en 2016, 29 habían cerrado cinco años después, aproximadamente un 14% del total. Actualmente, una decena han vuelto a abrir sus puertas.

La desaparición de estos negocios pone en riesgo no sólo a unos locales singulares, sino también a los oficios y los conocimientos que se han transmitido de generación en generación. El gran reto es encontrar mecanismos efectivos que permitan proteger no sólo la estética de los locales, sino también las actividades, oficios y tradiciones que los convierten en una parte viva del patrimonio de Barcelona.


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