El Palacio de los Papas fue construido entre 1335 y 1364, durante el papado de Aviñón, como residencia de los Papas durante su exilio de Roma. Es uno de los edificios góticos más grandes e importantes de Europa. El interior del palacio, austero y solemne, se caracteriza por la sencillez y la escasa decoración, eliminando distracciones innecesarias y fomentando la espiritualidad y la devoción. La simplicidad de su diseño conmueve por su capacidad de inspirar la contemplación y la conexión con lo aparentemente divino.
La Edad Media supuso un período de decadencia para las ciudades. Las continuas invasiones que sucedieron la caída del Imperio Romano obligaron a las ciudades a realizar costosas inversiones defensivas. Las élites urbanas optaron por la ruralización para eludir el aumento de la presión fiscal, perdiendo las ciudades las funciones lúdicas, sociales y políticas en beneficio de nuevas funciones religiosas. La autoridad religiosa era al mismo tiempo la principal autoridad urbana.
La ciudad medieval servía de fortaleza defensiva y refugio para los habitantes del entorno, al tiempo que constituía el mercado al que acudían los campesinos a vender sus excedentes y a comprar artículos de uso cotidiano elaborados por los artesanos. Durante la Edad Media, la artesanía se organizó en gremios. Los carpinteros, herreros, tejedores o alfareros creaban objetos de alta calidad, a menudo comisionados por la nobleza o la iglesia. Gracias a estos intercambios, los artesanos y los comerciantes fueron creando nuevos barrios llenos de talleres y establecimientos llamados burgos, y prosperaron hasta constituir una nueva clase social cuya actividad no estaba ligada a la posesión de tierras: la burguesía.
Florencia (Italia)
El trabajo de los artesanos ha sido una importante fuente de actividad en las ciudades. La producción artesanal ha generado empleo y ha sido parte significativa del comercio local. Tejedores, ceramistas, orfebres, cortadores y otros oficios altamente especializados han enriquecido la cultura y la vida de los núcleos urbanos a través de la producción de tejidos, cerámica, joyería y objetos decorativos. Los albañiles, carpinteros, canteros y herreros han contribuido a la construcción de infraestructuras como edificios, puentes, acueductos, calles empedradas y sistemas de alcantarillado, o de impresionantes monumentos como las catedrales o los palacios, que han enriqueciendo el paisaje urbano. Su experiencia en técnicas de construcción y diseño ha sido esencial para el crecimiento y la expansión de las ciudades, dejando una impronta imborrable en la historia.